Diego Cáceres, fundador y director de la Fundación Más Vida, escribió esta enseñanza basada en las palabras de Jesús sobre el Reino y los niños. En ella nos invita a examinar nuestro corazón y a redescubrir la alegría, la inocencia, la confianza y la humildad que caracterizan una fe genuina.
Cuando miro las sonrisas de mis dos hijas es más que suficiente para entender cuan importante y necesaria tarea tengo por delante. Criarlas no es simplemente una lista de actividades, y por supuesto es mucho más que vestirlas, alimentarlas o jugar con ellas. Es acerca del futuro y de saber que en mi casa tengo el mejor equipo de niñas que conquistará su generación para Cristo.
Lo que amo de volver a mi casa es ver cómo mis hijas estas esperando felices que las cargué entre mis brazos. Esa es la misma imagen que tengo de Jesús cuando en Mateo 19:13 los niños corrían a ser bendecidos, amados y empoderados por Él. Jesús hizo una declaración que tiene un poderoso eco hasta el día de hoy sobre el Reino de los cielos y los niños:
“Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, Porque de ellos es el Reino de los cielos”.
Si es Reino de los Cielos es de los que son como niños hay algo poderoso que nosotros debemos rescatar para nosotros los jóvenes y adultos en nuestra generación.
¿Qué significa ir ante Dios como un niño?
Ir delante de Dios como un niño es ir ante Él despojado de nuestros pecados y dudas, llenos de fe y confianza. Si le preguntáramos a un pequeño: ¿Dios estará allí cuando lo necesite? diría firmemente, “¡Sí!”, entonces ir delante de Dios como un niño es esperar con expectativa de que Dios está con nosotros y que responderá cuando lo llamemos. Estas son cualidades que debemos imitar en nuestro camino al Reino de Dios.
En Mateo 18:3 Jesús dice:“ Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos.” Dios está buscando de nosotros que volvamos a tener esas características distintivas como la de un niño:
- Un niño es inocente
- Un niño siempre confia.
- Un niño cree sin complicaciones.
- Un niño recibe con alegría.
- Un niño es humilde.
- Un niño está contento con las pequeñas cosas.
- Un niño tiene fe para mover montañas.
- Un niño es fácil de impresionar.
- Un niño toma en serio la Palabra de Dios en toda su simplicidad.
¿CÓMO PODRÍA SER COMO NIÑO?
Cuales son las características que debemos imitar en los más pequeños que nos ayudaran en nuestro caminar hacia el Reino de los cielos:
1. ALEGRIA
Los niños tienen un espíritu singularmente alegre. Algunos opinan que es debido a que no tienen las mismas preocupaciones u obligaciones que un adulto. Pero no es su ignorancia lo que los hace felices. Son alegres por lo que se enfocan; ellos todavía no están distraídos por la mayoría de las cosas por las que nosotros si estamos. No dejemos que nuestra fe se vea obstaculizada por las distracciones que nos roban este tan necesario fruto del Espíritu. En Mateo 13:44, Jesús cuenta la historia de un hombre que con alegría vende todo para comprar tierras con tesoros escondidos. Existía riesgo y el hombre podía haber tenido miedo, pero su enfoque estaba en la recompensa. El reino es de un valor inestimable, por lo que nuestra herencia (es decir, Cristo) debería traernos gran alegría. Aquellos que entran alegremente al reino saben que Jesús es la razón principal. ¿Lo encuentras más valioso que todo lo demás?
2. INOCENCIA
Los niños no son perfectos, pero tienen un nivel alto de inocencia. Ellos no están contaminados por los caminos del mundo. Observemos que los niños vinieron a Jesús con intenciones puras. Esto está relacionado con las palabras de Jesús en Mateo 5:6-8 de que aquellos que tienen hambre y sed de justicia serán saciados y los de puro corazón verán a Dios. La pureza es la imagen de un vaso de agua 100% pura. Aquellos que buscan el agua viva y pura de Dios serán recompensados.
3. EXPECTATIVA
Los niños vinieron valientemente a Jesús porque conocían su corazón. La analogía obvia es que Dios es nuestro Padre. Nosotros, como sus hijos, deberíamos saber que Él recompensa. Hebreos 11:6 dice que la fe requiere saber que Dios recompensa a quienes lo buscan. Lucas 11:10-12 dice que los que pidan recibirán y los que busquen lo encontrarán, entonces Dios nos da el Espíritu Santo cuando lo solicitemos. La presencia de Dios es la recompensa de aquellos que lo buscan (Mateo 5:6). Antes de la historia de los niños encontramos la parábola de la viuda persistente que esperaba resultados. Creo que la expectativa se manifiesta en forma de persistencia. ¿Esperas recibir más de Dios?
4. CONFIANZA
Es increíble lo mucho que mi hija confía en mí para atraparla cuando salta del sofá (o escaleras, cama o lo que sea que pueda escalar). Permítanme primero aclarar que hay una gran diferencia entre probar y confiar. Las pruebas tienen un corazón de desobediencia y desafío (Voy a ver probar por si sale…), en cambio la confianza no tiene dudas. Cuando nosotros confiamos en Dios dependemos ciegamente de Él y sin Su ayuda no podemos lograr nada. Esto se ejemplifica en la parábola de Jesús, narrada inmediatamente antes de la llegada de los niños, acerca de los dos hombres que oraban: “También contó esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos que eran justos …” (Lucas 18: 9). La primera y más importante cuestión de confianza es que no podemos ingresar al reino sin Él. La confianza conduce a la audacia, como el mendigo ciego que clama a Jesús por sanidad cuando pasaba (Lucas 18:38). La confianza es mucho más que solo conocimiento intelectual; es funcional. A medida que crece nuestro conocimiento, también crece nuestra confianza. Al igual que el hombre ciego, incluso el conocimiento limitado puede crear una sólida confianza si nuestros ojos (espirituales) están firmemente en Él.
5. HUMILDAD
Los niños son instintivamente humildes debido a que no están conscientes de sus limitaciones. Justo antes de que los niños vengan a Jesús, Lucas registra a Jesús diciendo: “El que se humilla será enaltecido” (Lucas 18:14). Durante el Sermón del Monte, Jesús dice que son los mansos quienes heredarán la tierra (Mateo 5: 5) y los pobres de espíritu recibirán el reino de los cielos (Mateo 5: 3). Luego, justo después de la historia de los niños está la historia de un joven con gran riqueza y poder que perdió el camino al reino (Marcos 10:17-24). El Reino de Dios no es como el de este mundo. Entrar no se trata de poder, dinero o influencia. El joven rico quería seguir su camino en lugar de seguir el de Cristo. Vemos el gran poder que existe en ser personas humilde, mansa y pobre en espíritu, y no en el espejo de nuestros méritos o en el valor que el mundo puede darnos. Nos volvemos como niños cuando nos sometemos a la autoridad del trabajo de Cristo para nosotros






