CÓMO LEVANTARSE SOBRE LOS TALONES DEL FRACASO

Desde que nacemos hasta que morimos aprendemos muchas lecciones que nos ayudan en nuestro diario vivir; pero hay una que muchas veces se nos olvida: cómo lidiar con el fracaso. ¿Cómo levantarnos luego de una caída, de esperar que algo suceda y que no se dé? ¿Cómo superar las heridas de un desamor? ¿Cómo superar la  desilusión, el chantaje, la frustración o simplemente cómo poner de nuevo en su lugar un corazón hecho pedazos? ¿Será que es el final o hay algo oculto debemos aprender?

“He fallado una y otra vez en mi vida, por eso he conseguido el éxito.”

 

– MICHAEL JORDAN

El cantautor Johnny Cash dijo alguna vez: “Tú te eriges a partir del fracaso. Lo usas como una piedra de construcción. Cierra la puerta al pasado. No intentes olvidar tus errores, pero no te pierdas en ellos. No dejes que se roben tu energía, tu tiempo o tu espacio”.  Eso es exactamente lo que, como hijos de Dios, debemos hacer: acudir a nuestro Padre, llenarnos de Él; enterrar el pasado y volver a caminar. Recordá que lo que él preparó para tu vida no te será quitado y lo que el enemigo planeó para mal se tornará en bendición.

“Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse…”

(Proverbios 24:16).

Los errores son oportunidades para levantarnos, para volver a Dios y en sus fuerzas volver a construir. Mirá lo que dice la Palabra de Dios: “Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse…” (Proverbios 24:16).

 

Un buen ejemplo de esto fue Abraham Lincoln. En su vida nada fue fácil. La muerte de su madre a temprana edad, el trato duro que le dio su padre en su infancia, un matrimonio infeliz, el horror de la guerra que él comenzó y la muerte de sus dos hijos son algunos de los acontecimientos resaltantes en la difícil vida de este hombre, que en varias ocasiones le llevaron a la depresión y hasta pensar en el suicidio.

 

A pesar de todas las adversidades, decidió seguir adelante y hacer lo correcto para llegar a ser uno de los grandes héroes de los EE.UU.

 

Cuando dejó la ciudad de Springfield, donde había establecido su residencia, para tomar el cargo de Presidente de los EE.UU. en Washington, sabiendo que enfrentaría grandes retos, afirmó: “Sin la ayuda del Ser Divino, […] no podré alcanzar el éxito. Con su ayuda, no fracasaré”.

 

 

Por Diego Cáceres | Presidente de la fundación Más Vida | 

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